Entrenamiento cerebral podría desarrollar súper bebés

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Todos los padres desean que sus hijos corran con ventaja, y muchos de ellos se lanzan a probar con técnicas y juguetes que, con suerte, permitan desarrollar el potencial de sus hijos antes que los demás niños.

En 1998, por ejemplo, se popularizó la teoría del “efecto Mozart”, que postulaba que hacer que un infante escuchara música clásica lo ayudaba a desarrollar mejor su cerebro. En el estado de Georgia, en Estados Unidos, de hecho, se tomaron la hipótesis tan a pecho que cada recién nacido recibía un CD pagado por el estado.

Y, aunque esa teoría se ha desacreditado con el tiempo, es posible que al menos parte de esta premisa tuviera su parte de validez: según un nuevo estudio de la Universidad de Rutgers, es posible “entrenar” a los bebés en sus primeros meses de vida para enseñarles a reconocer mejor los sonidos que componen el lenguaje.

El trabajo, liderado por la doctora April Benasich y publicado en el Journal of Neuroscience, se realizó en bebés de cuatro meses, a quienes se les enseñó a concentrarse, paulatinamente, en conjuntos de sonidos cada vez más complejos.

Cuando los bebés cumplieron los siete meses, las investigadoras comprobaron que éstos reaccionaban más rápido a las palabras que los que no habían participado del juego en la primera fase del estudio.

“Los bebés registran constantemente su medio ambiente para identificar sonidos que podrían ser el lenguaje”, explicó Benasich, directora del Laboratorio de Estudios de la Infancia de Rutgers. “Entre los cuatro y siete meses de edad están creando sus mapas acústicos pre-lingüísticos”.

Los mapas acústicos son redes interconectadas de neuronas que el cerebro del bebé construye durante la primera infancia para poder decodificar el lenguaje de forma rápida y automática. El objetivo de este estudio fue, justamente, ayudar a los bebés participantes a formar sus mapas de forma más rápida y exacta.

“Si le das forma a algo mientras el bebé lo construye”, agregó Benasich, “le permites (...) construir la mejor red auditiva para su cerebro. Esto crea una buena base para cualquier lenguaje –o lenguajes– que vaya a aprender”.

El trabajo se realizó con bebés de cuatro meses. Foto.

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Para Benasich, esto puede compararse con la forma en que un adulto reacciona al conducir un auto: no nos detenemos a pensar cada acción –como mover la palanca o girar el volante–, sino que las realizamos inconscientemente. “Queremos que los bebés reconozcan cualquier sonido específico del lenguaje de forma igual de automática”.

La diferencia en la velocidad de procesamiento de un niño a otro –aunque sea de una décima de milisegundo– puede afectar sus habilidades del lenguaje al comenzar la escuela. Benasich espera que los resultados de su estudio ayuden a niños con problemas de procesamiento acústico, incluidos aquellos con chances de desarrollar dislexia de mayores. Para este grupo, que resulta ser entre el ocho y el 15 por ciento de los infantes en riesgo, una intervención podría mejorar, e incluso prevenir, dificultades futuras del habla.

Pero eso no es todo. Benasich, que reniega de aquellos juguetes comerciales que prometen enseñarles a los bebés a hablar y leer, sostiene sin embargo que los resultados de este estudio podrían ayudar a crear un juego interactivo que permita, de hecho, imitar los logros del laboratorio. Aunque antes, dice, hace falta más investigación.

La siguiente etapa del estudio reunirá a los mismos bebés, cumplidos los 18 meses de edad, para comprobar si retuvieron y mejoraron sus habilidades acústicas sin entrenamiento.

¿Crees que es posible estimular el lenguaje en bebés tan pequeños? Cuéntanos en los comentarios.